Mi patética existencia se limitaba en el dolor, ese que recorría mi cuerpo cada vez que los recordaba, cosa que era algo frecuente, el 99 % del tiempo, me lo pasé enterrada en el pasado, así que mi vida era un camino constante de amargura y sufrimiento, como si andará por un campo de agujas descalza. Solo que no se clavaban en mis pies, si no en mi alma. (Creerme que era mas doloroso). Por mi corazón es mejor no preguntar, se convirtió en cenizas y estas se las llevo el viento.
¿Mi padre? Al poco tiempo rompió su promesa (supongo que era inevitable), y no, no se suicidó, dejó simplemente sus deberes paternos y los maternos (esos que tenia que haber asumido). Se vio caído en la locura, afirmaba poder ver aquellos que ya no están aquí, a su amada esposa y a su querido hijo, más a su pobre hija de la que si estaba ahí (osea yo), parecía no verla nunca.
Pronto asumí que a mi madre jamas la iba a poder odiar (no como yo hubiera deseado) y que la quería a pesar de todo. Me acordaba constantemente de ella, de las caricias que me daba de pequeña y la nana que me cantaba una y otra vez para conseguir dormirme (cosa que no le costaba mucho, su voz era tranquiliza dora y armoniosa). Pero a pesar de recordarla en todo su esplendor (e igual que a mi hermano), aprendí a vivir con el dolor y cada vez se hizo mas llevadero.
Cada domingo, a la misma hora, les llevaba una rosa a cada uno tintada de negro, y cuando por fin volví a sonreír (Cosa que tardo lo suyo exactamente, 1000 días de soledad y 1001 noches caminando por las calles como alma en pena) empecé a cambiar las rosas negras, por las azules.
Mi padre pronto empezó a empeorar hasta que un día estaba más cerca de estar con ellos que conmigo, sin duda la locura le estaba llevando a la muerte, pero no era algo que me preocupase, allí iba a estar mejor, más feliz y total hacía tiempo que le había perdido.
n n n Saliendo de este pozo sin fondo...
Pablo
Hace 5 años
